octubre 12, 2018

Lo bueno y malo de la vida; la historia del Guti y su familia

 

“Papá firmé con el Caracas”, una frase que no llenó de orgullo de inmediato a la familia Gutiérrez, como se esperaba, por ser un hogar de pies a cabeza magallanero, pero fueron palabras que cambiaron de manera fulminante la historia y las emociones de un muchacho y sus cercanos.

En el sector UD-3 de Caricuao, una parroquia al sur-oeste de Caracas, la capital de Venezuela, vivió su infancia uno de los mejores jardineros que ha salido del suelo criollo y que los melenudos presumen de contar en sus filas. Franklin Gutiérrez sabía desde niño lo que quería y era ser un pelotero como los que veía por televisión, pero nunca pensó que sería un caraquista.

“Realmente cuando me puse el uniforme de Leones, les dolió más a ellos (familia de Franklin), que, a mí, porque yo veía eso como mi trabajo y una responsabilidad, algo que se convirtió en mi vida y que después de tanto tiempo sigo defendiendo”, confesó Gutiérrez. “Yo era magallanero, pero doy la vida por los Leones”.

Por su parte, el señor Franklin Gutiérrez Padre, no era lo que más le gustaba, de hecho, sufría cuando su primogénito castigaba al equipo de sus alegrías desde niñez. “Era difícil ver cuando le bateaba al Magallanes, porque era mi equipo desde niño. Yo no lo quería creer, éramos magallaneros natos y ahora mírame, uniformado y todo”, dijo el procreador del Guti vestido con la camisa fluorescente de los melenudos.

Franklin ha disputado nueve campañas con los melenudos y va por la décima, cuando se dé inicio la zafra 2018-2019 de la LVBP. Allí mantiene promedio vitalicio de .279, con 284 indiscutibles conectados, entre ellos, 49 dobles, ocho triples y 36 cuadrangulares, además 148 rayitas remolcadas en 294 encuentros.

“Esto es un negocio y yo lo supe desde el primer día, a mi familia si les costó”, aseguró el jardinero.

Los Piratas del Guti

“Se la pasaba jugando dentro del apartamento pelotica de goma y rompiendo cosas, ahí fue cuando decidimos meterlo a jugar béisbol, para evitar que nos destruyera la casa”, contó el señor Franklin Gutiérrez (Padre). “Cada vez que pasábamos por arriba de la CC2, él veía el estadio de béisbol del polideportivo Luis Aparicio y bueno cuando entró, no había como sacarlo”.

El béisbol de pequeñas ligas tiene distintas casas para inscribir a los más pequeños, pero el patrullero eligió a los Piratas de Caricuao, como su primer uniforme de su carrera beisbolistica. El equipo ha mantenido los colores amarillo y negro desde su fundación el 15 de agosto de 1984, pero con el boom que ocasionó una de sus promesas en el béisbol norteamericano y en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, son conocidos como “Los Piratas del Guti”.

“Desde los ocho años mis padres me inscribieron en los Piratas, fue mi primer equipo y desde ese entonces me he mantenido en la pelota hasta el sol de hoy”, recordó Franklin. “Yo jugué con ellos todas las posiciones, hasta fui pitcher y me utilizaban más en ese rol, pero mi papá me dijo: ‘mijo tírese para allá atrás que el brazo te lo van a dañar’, entonces pedí eso, me colocaron en los jardines, me sentía bastante cómodo y bueno logré la firma (Con los Dodgers de Los Ángeles) a los 17 años”.

El sueño americano fue más rápido de lo pensado

“Para nosotros fue una dicha. Sabíamos que eso iba a llegar en cualquier momento”, rememoró “Papá Guti” sobre el día que Franklin dejaría su lugar de crianza, para emprender el sueño que tanto añoraba. “Lo celebramos en grande. Me llamaron que lo iban a firmar, se presentaron en la casa en Caricuao, llegó Camilo Pascual, quien fue el que lo firmó a él y como yo era el que podía firmar le pregunté esto es lo que tú quieres hijo y me respondió: ‘Eso es lo que yo añoro. Eso es lo que deseo’ y bueno vamos echarle pichón. Celebramos con Champaña, porque había que hacerlo a lo grande”.

Era sólo un joven que saldría sin acompañantes a los Estados Unidos, que dejó una falta muy grande en la familia Gutiérrez. “Por una parte fue un momento muy difícil separarme de mi familia a tan temprana edad y además, que, jamás había salido de la casa, me iba a un país que yo no conocía, no sabía el idioma, pero al mismo tiempo yo fui enfocado en lo que quería y hacer lo que me gustaba. Eso me ayudó a no perder mi rumbo”, comentó el patrullero. “Tuve que ganarme la visa, porque no la tenía y tuve todo el año en la Rookie, y hasta el último día de temporada fue que me la dieron. Apenas me dijeron eso, llamé a mi papá y le dije que me quedaré. Fue rápido el momento desde que firmé a cuando decidieron dejarme en el equipo. Todo marchaba bien”.

“Se suponía que los peloteros jóvenes firmaban y los mandaban a Republica Dominicana, pero a mí fue distinto, porque me dejaron en Vero Beach en Florida, ahí estaba todo el equipo de los Dodgers era su Spring Traing y me quedé por cinco o seis meses con ellos”, contó Gutiérrez.

Según los registros de Baseball-reference.com desde el 2001 al 2003 Gutiérrez estuvo con la organización de los Dodgers hasta que fue cambiado a los Indios de Cleveland en el 2004.

“Yo quería debutar con los Dodgers en las mayores, pero la vida no lo tenía previsto que fuera así, sin embargo, cuando subí con los Indios fue algo que me asustó, porque ese día (31 de agosto de 2005) yo estaba en Triple A y me dijeron ‘no te vistas, que tú no juegas hoy’ y yo pregunté asustado que había pasado y me respondieron ‘tú vas a Grandes Ligas’, salí corriendo para llamar a mi papá e irme a Cleveland”, recordó el guardabosques. “Debuté contra los Tigres de Detroit, me pusieron de corredor emergente, para mí fue algo grandioso y logré una meta que me había planteado desde mucho”.

“Este es mío. Tiene mi nombre en letras doradas”

El mejor recuerdo que tiene Franklin en el “Big Show” fue jugar tantos días como pudo de su carrera en los parques de la MLB, pero uno que tiene en su casa y lo trata como su hijo es el Guante de Oro que consiguió en la campaña 2010 con los Marineros de Seattle.

“Era algo que buscaba por mucho desde que debuté en las Grandes Ligas, pero no podía lograrlo, porque había fuerte competencia, de hecho alguien (Ichiro Suzuki) lo ganó un año antes por encima de mí, a pesar que yo tenía buenos números, pero no me rendí y llegó ese 2010”, dijo el outfield. “Ese año tuve que jugar todos los días, tenía que correr bastante para llegarle a todas las pelotas fue bien difícil, pero le tengo bastante aprecio a ese premio, lo tengo en un lugar único en mi casa”.

“Papá Guti” sabía que ese día llegaría tarde o temprano y justo cuando lo anunciaron, Franklin aún no lo creía, pero cuando le entregaron el trofeo con letras doradas la siguiente temporada en la ciudad de Seattle exclamó: “Este es mío. Tiene mi nombre”.

Las metas llegan a su tiempo

Como contó el jardinero sobre su deseo de debutar en las mayores con el equipo con el cual firmó, pero no sucedió como soñaba, le llegó una segunda oportunidad de lucir el uniforme de Hollywood, y ser una estrella más que pasa por la legendaria organización.

En el 2017 Franklin Gutiérrez consiguió un contrato con los Dodgers, el equipo que quería defender desde los 17 años de edad, sin embargo, tuvo que esperar hasta cumplir las 34 primaveras.

“A mí me afectó el primer cambio que tuve, que fue de Dodgers a los Indios, porque tenía la mentalidad de subir con el equipo que firmé, pero obviamente esto es un negocio, luego Cleveland me cambió a Seattle, mientras estaba jugando con los Leones aquí y eso me ayudó mucho, porque me darían el centerfield para mí solo, porque en Cleveland ya estaba, Grady Sizemore”, recordó. “Firmé con Dodgers como agente libre, competir con el equipo que tú firmas era algo que añoraba. Pude jugar mitad de temporada con ellos, después las lesiones me recortaron las presentaciones con ellos, pero estoy agradecido de compartir esa experiencia de estar en el Dodger Stadium, es otro ambiente y siempre le agradeceré al mánager Dave Roberts por confiar en mí”.

“Las vueltas que da la vida, no sabía que volvería a estar allí, pero pude cerrar un capítulo que tenía pendiente en mi carrera”, definió Gutiérrez.

Una guerra contra la enfermedad

Espondilitis anquilosante, la causante de los dolores que ha causado en la carrera del patrullero central nacido en Caracas. Una enfermedad reumática degenerativa, que afecta especialmente la espalda del jugador y no tiene un tratamiento específico y que solo existen medios para controlar el malestar.

“Para cualquiera que padezca una enfermedad no es nada fácil, yo fui diagnosticado con este tipo de artritis que ataca la columna vertebral y parte de la cadera, desde el 2012”, recalcó. “Los sintomás eran nuevos para mí, no sabía como manejarlo, influyó mucho mi manera de correr y adaptarme a cosas normales como correr como lo hacía siempre y eso fue muy difícil para mí”.

“Tuve que hacer cambios drásticos en mi comida. Tuve que iniciar un tratamiento nuevo, me ayuda a no inflamarme tanto, tomar ciertos tipos de pastillas y sobretodo estar fuerte mentalmente porque no ha sido fácil. De hecho, un doctor me dijo que no sabía cómo yo seguía jugando si ya al padecer eso no tenía oportunidades de jugar, pero la ayuda mental que ha brindado mis seres queridos me mantienen sano”, explicó Gutiérrez.

El apoyo familiar no sólo era para salir a batear un jonrón en cada juego, porque según el líder de la familia Gutiérrez no para de ser un “psicólogo” para el patrullero de 35 años de edad.

“Era fuerte para nosotros. Siempre lo habíamos apoyado en los juegos y salió esto, nos cayó malísimo. Él tiene mucho para dar, pero la enfermedad no es nada fácil”, contó Gutiérrez padre. “Tranquilo que eso se te va a quitar. Todo va a pasar. Había que curarle la mente para que no decayera, pero le pedimos a Dios mucho, para salir de ese mal”.

El Guti disputó un total de 364 juegos desde el 2014 hasta su última aparición en la “Gran Carpa”, pero él asegura que aún puede luchar para regresar, ya que, aún queda Franklin Gutiérrez en las mayores.

“Nunca me he rendido, esto me ha acompañado tanto, esto es un obstáculo en mi vida, pero yo sigo luchando hasta que yo pueda”, finalizó el patrullero que volverá a jugar en la pelota criolla desde la campaña 2014-15 con los Leones.

Pedro Felipe Hernández / @pedrobutters

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