Cooperstown abrió sus puertas a la clase del 2019

Comandados por el panameño Mariano Rivera, el grupo de seis nuevos peloteros en el Salón de la Fama del Beisbol, recibió los honores para convertirse después de una excelsa carrera, en inmortales.

Pedro Felipe Hernández / @pfhernandez7

Rivera lo logró en su primer año. El cerrador de los Yankees de Nueva York, completó una legendaria travesía por la Gran Carpa en 19 temporadas, en las cuales sus 652 rescates serán como su rostro en el Hall Of Fame, casi imposible de derrumbar.

El taponero retirado en 2013, se unió a Rod Carew, como los únicos jugadores nacidos en Panamá que reposan augustamente en el mural donde solo los mejores tienen boleto.

“Es un privilegio y un honor ser parte de una organización”, mencionó. “Lo hice con dignidad, honor y orgullo. Intenté llevar las telas lo mejor que pude. Creo que lo hice bien con eso “.

Junto a Rivera, la clase del ’19 aparecen: el boricua, Edgar Martínez, los lanzadores Mike Mussina, Lee Smith y el toletero Harold Baines. Mientras que el último y no menos importante Roy Halladay, al no poder estar presente tras su desaparición física en 2017, fue igual recordado y se le hizo entrega a su esposa Brandy Halladay, la placa dorada.

Una multitud anunciada de 55.000 personas, la segunda más grande en la historia de la ceremonia de inducción del Salón de la Fama del Béisbol Nacional, y 53 miembros anteriores, vieron como cada uno de los seis nuevos peloteros en Cooperstown tendrá sus rostros.

Como se anunció anteriormente, la placa de Mussina no tenía logotipo, ya que Mussina no pudo elegir entre sus dos casas de béisbol, Baltimore y el Bronx, donde pasó períodos de tiempo similares y disfrutó de un éxito similar. Dio las gracias a los fanáticos de ambas ciudades y agradeció especialmente a los escritores de la Asociación de Escritores de Béisbol de América que se tomaron el tiempo para evaluar su carrera en el contexto adecuado de su época, elevando los porcentajes de votos de 20.3 en su primera votación. En 2014 a 76.7 este año.

“Nunca tuve la suerte de ganar un Premio Cy Young o de ser campeón de la Serie Mundial”, dijo Mussina. “No gané 300 juegos ni sacé a 3,000 bateadores. Y mientras mis oportunidades para esos logros están en el pasado, hoy me convierto en miembro del Salón de la Fama del Béisbol Nacional. Tal vez estaba ahorrando todos esos ‘casi’ logros para un último impulso, y esta vez lo logré “.

El caso de Halladay es parecido, al de Mussina, ya que, sus placa tampoco cuenta con el logo de un conjunto en especifico, al haber jugador tiempos similares con los Azulejos de Toronto y los Phillies de Filadelfia.

“Este no es mi discurso para dar”, contó la esposa del recordado serpentinero. “Voy a hacer lo mejor que pueda para decir lo que creo que Roy podría haber dicho o hubiera querido decir si estuviera aquí hoy”.

“Las organizaciones de Blue Jays y Phillies significaban demasiado para la familia. La pasión de Halladay por el béisbol juvenil y cómo la familia se dedica a continuar ese buen trabajo. Agradezo a los equipos, a los fanáticos y, en un momento especialmente conmovedor, a su nueva familia del Salón de la Fama”, agregó.

Baines tiene su lugar para siempre en la historia del béisbol ahora con la placa de bronce con esa gorra de los White Sox, y agradeció a los fanáticos de Chicago que, en sus palabras, “honran y aprecian el trabajo duro” por conectarse con él y apoyarlo. Dio las gracias a su primer mánager, Tony La Russa, quien fue su defensor más fuerte en la votación del comité pequeño, por enseñarle a jugar por el nombre en la parte delantera del uniforme (el equipo) y no en la espalda (jugador).

Rivera y Martínez son los dos únicos latinos de la clase, pero este último se une a nombres como Roberto Clemente e Iván Rodríguez, tras su incansable entrega con los Marineros de Seattle.

“Soy muy afortunado de tener dos casas, Puerto Rico y Seattle”, dijo Martínez. “Fans de Seattle, gracias por estar siempre ahí para mí. Desde 1997, me brindó su apoyo incondicional, y fue aún más frecuente en los últimos 10 años. El apoyo que me brindaste en las redes sociales me ayudó a llegar hoy “.

Smith logró rescatar a sus equipos en 478 oportunidades, pero esta vez los electores lo salvaron a él, tras lograr ingresar a Cooperstown en su último año, disponible.

“Lealtad al equipo y a mis compañeros”, dijo. “Y la fiabilidad como compañero de equipo y como lanzador”.

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