mar. Nov 12th, 2019

Querido Justin, aunque no me conozcas quiero que sepas que he ‘envejecido’ mirándote y apostando a ti (en ocasiones literalmente). Aunque no puedo decir que he sufrido tus más de 120 derrotas, sí puedo decir que he agonizado en muchas, como aquellas en Serie Mundial que me hicieron pensar que pelaban cebollas al lado de mí. Ahora, eso sí, aunque no puedo decir que he disfrutado tus más de 200 triunfos, sí puedo afirmar que he presumido de muchos de ellos, en los tiempos del colegio; te seguía apertura tras apertura.

Cuando empezaste tu racha de ocho temporadas consecutivas de al menos 200 entradas, siempre pero siempre en el salón de clase surgía el debate de quién era el mejor lanzador del deporte, por una infinidad de razones yo me decantaba por ti, pero lo que más me hacía preferirte es el temple con el que subes a la loma, con la seguridad que luces en cada momento, no importa cuál sea la situación, por lo frío que se te veía sobre la loma, por esa actitud y esa efectividad por la que el bueno de Ernesto Jérez te llamaba ‘El insensible’.

Novato del Año, MVP, Cy Young, Juegos de Estrellas, Triple Corona, múltiples lideratos, de los tantos lauros que te acompañan y que pareciera el palmares de un inmortal, algo que probablemente no deje dudas, pero que nosotros que te hemos seguido sabemos que habla de tu capacidad de trabajo, de tu esfuerzo, de como te has reinventado, de tu espíritu de competencia y de lo comprometido que has sido con este juego.

Por aquellos partidos en postemporada contra Oakland donde a ojos cerrado sabía que ibas a dominar, por esa confianza que traspasas, siendo un chico en el colegio aposté 500 pesos dominicanos (9.6 dólares) contra uno de mis mejores amigos para aquel juego de la Serie Mundial de 2012, realmente no sé si lloraba el dinero de mi merienda o lloraba verte caer luego de unas históricas presentaciones de playoffs que llevabas para la fecha. Repitiendo con este revés, aquellos días también oscuros de 2006, pero que con el tiempo lo superaste y nos diste a todos tus aficionados el merecido anillo que coronaba tu carrera y galardonaba tus esfuerzos inagotables.

Y fue contra mis Dodgers, y aunque pocos lo crean, pujé a tu favor en los partidos que subiste a la loma, aunque hubiese querido que mi equipo rompiera su sequía, si alguna imagen me alegró en la derrota, fue la de verte posar con el trofeo de campeón, si en la pelota un caballo merecía este triunfo, ese era usted, señor Verlander.

El champagne del Clásico de Otoño fue muy fresco para nosotros que sufrimos tus molestias físicas de 2015 y de quienes también sentimos dolor por aquellos años donde te quedaras a mitad de camino y no pudiste lograr la gloria beisbolera, por más largo que se hizo el trayecto, finalmente lo conseguiste, dándonos una nueva lección de que lo bueno cuesta, y sí que te costó, campeón.

El motivo de esta carta ha sido por lo feliz que me he sentido al verte lograr los 300 ponches por primera vez en tu carrera con la dicha de decirlo que lo has conseguido a tus 36 años de juventud, por si fuera poco, también conseguiste los 3,000 abanicados de por vida, la carta que hablará por ti para quienes dudaron de tus capacidades alguna vez.

En 15 años has formado un legado y unos números más que dignos del Salón de la Fama que no necesitaran de este nuevo premio Cy Young para que quedes entre los grandes, sin embargo, tenemos que admitirlo, deberás ganar este con facilidad; y por eso digo que tus 36 son de juventud porque a esta etapa de tu vida y carrera has vuelto a ser el mejor y más dominante del juego, ¿Quién debería sorprenderse si usted es Justin Verlander?

Terminaré mi carta a mi lanzador derecho favorito de todos los tiempos con una popular frase del béisbol latinoamericano «Caballo es caballo», lo que usted es, señor Verlander. #AromaHOF.

Desde República Dominicana,

Eliezer González / @eliegonzalezc.

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