Por: Eliezer González / @eliegonzalezc.

Incluso en esta temporada en la que los Lakers han vuelto a generar expectativas y humo, con LeBron y Davis haciendo que los rivales tiemblen, usted que es tan viejo siendo fan de los Lakers como yo, en algún momento de la temporada, pese al récord y las alegrías, y aún con Kobe en vida, se dijo que no era lo mismo, que ninguno es Kobe Bryant, y es esto lo que hacía al ídolo de multitudes un jugador más grande que el baloncesto.

El No. 8 cautivó mi vida desde que era un niño, conocía poco del juego, siquiera hablaba bien, pero en mi casa no había plan de televisión (cable) y quién pasaba más tiempo conmigo (mi Tia Gleni) era una mujer especial, que no veía telenovelas, veía deportes, y se preocupó por imponerme el amor por los Lakers que hoy a mis 23 aún llevo inquebrantablemente.

El No. 24 formó carácter en mí, me hizo seguro de mí mismo, abrió mi mente, me dio conocimientos sobre el juego y sobre la vida, pero sobre todo esto, me enseñó que nada estaba por encima de la familia.

Mi historia como fanático de Kobe empieza con mis dedos sobre la pantalla de aquel pequeño y viejo televisor, señalando a ese joven de tez oscura y pelo tipo afro con la elástica No. 8 del púrpura y dorado, afirmando que este “es Kobe, tia” y algunas otras veces preguntando si realmente era él.

Sin embargo, en este nuevo material no quiero hablar del jugador y sus números, quiero hablar del hombre, del personaje, de la figura, que marcó mi vida en múltiples aspectos, y que la marcó para siempre. No hay manera de que exista otro Kobe Bryant en la historia, insisto.

Conocer su historia me hizo sentir seguridad por mí mismo

De Kobe aprendí a confiar en mí plenamente. Muchas veces mi amigo Oliver, otro fan a muerte de la Mamba, forjó esa seguridad en mí, probablemente sin saber lo que hacía. Cuando jugábamos baloncesto, ya sea en videojuegos o el patio, si yo titubeaba y/o dudaba, recuerdo la frase que utilizaba: “Tú eres fanático de Kobe, ese hombre no se asusta”, y si acaso seguía dudando de algún momento o acción del juego, cuestionaba mi amor por Kobe con palabras como: “Y qué fanático de Kobe es este”, motivación que me llevó a ser el tipo de persona que soy, que si decidí hacer algo es porque puedo hacerlo y porque lo lograré; ese era Kobe Bryant para nosotros, ejemplo de lucha y confianza en sí mismo.

De igual forma, es válido destacar que conozco los deportes por primera vez viendo baloncesto. A raíz de las imposiciones de mi tía y las precariedades de los días en mi casa, no fui un chico que creciera como cualquier otro, viendo dibujos animados y películas infantiles, mi súper héroe fue Kobe Bryant, era lo que podía ver en la casa, y siempre será mi héroe desde mis días con pocos dientes hasta el último que Dios me deje con vida.

Mi primer jugador favorito y el Top 1 entre todos los que he seguido en los distintos deportes, comparado con los demás, en una lista que incluye a Albert Pujols (béisbol), Rafael Nadal (tenis), Tom Brady (fútbol americano), Cristiano Ronaldo (fútbol soccer), Manny Pacquiao (boxeo) y Lewis Hamilton (automovilismo). Pudiéramos decir que mi preferencia está en la garra, corazón, competitividad y ética de trabajo de los jugadores, las claras similitudes entre los nombres de mi listado, pero igualmente hay que mencionar que ninguno son Kobe Bryant para mí ni para el resto del mundo.

Me inspiró a amar el deporte y a la vez el periodismo deportivo

El primer jugador por el que escudriñé estadísticas e hice comparaciones por supuesto que fue él y es por él que nace este amor y esta pasión por los deportes, en consecuencia del enunciado que encabeza este párrafo, por el jugador que doy mis primeros pasos como periodista y analista deportivo, lo fue el irrepetible No. 24 y 8 de los Lakers. Tantos años discutiendo el Kobe vs LeBron con mi amigo Walker en el colegio, dieron como resultado una linda amistad y el nacimiento de Sala Deportiva, medio digital que junto a él y otros buenos amigos y fieles amantes de los deportes fundamos algunos años después del ingenuo debate sobre dos de los mejores de la historia.

Kobe influyó en mi manera de ver la vida y el amor

Escandalizado en un momento por un tema legal que por respeto a su memoria no mencionaré detalles del mismo aquí, Bryant nunca bajó la cabeza y nunca se rindió, mas bien emprendió un viaje rumbo a salvar su imagen y su familia, y lo consiguió a tal punto que, muchos de ustedes que me están leyendo probablemente no saben siquiera de qué hecho les estoy hablando. Con tal decisión, la Mamba nos enseñó que no importa que tan dura sea nuestra caída, lo importante es saberse levantar y hacerlo en alto y como los grandes.

Dicho viaje a un cambio de vida también influyó en el baloncesto, Kobe Bryant había pasado de ser un jugador rebelde e inmaduro, a un veterano frío y calculador, siendo igual o mejor de bueno de lo que había sido como estrella del aro y el balón, ahora empezaba a causar más efectos positivos en aspectos externos al baloncesto, y todo esto guarda relación con el cambio de su camiseta, que de alguna manera, el 8 y el 24 divide a dos Kobe Bryant.

En el plano del amor, en la manera en la que Kobe me impactó: El inocultable que tenía por Vanessa y sus hijas. La historia de amor de estos dos no es la de la pareja perfecta, pero sí la que puso la familia primero que el interés personal. Bryant luchó por Vanessa, el amor de su vida desde que eran adolescentes, y la premió con cuatro hijas hermosas, el premio que Vanessa también le había cedido a este por tanta entrega y por tanto amor. Se les vio junto siempre, en cada momento, bueno o malo, la pareja y las niñas, un circulo hermoso.

Entrar a los perfiles sociales de Kobe es ver un modelo de como un esposo debe ser con su esposa y un mejor modelo de como deben ser los padres con sus respectivos hijos.

Vanessa y Kobe fueron mi modelo de pareja y familia a seguir, porque no habría mejor modelo que el de dos personas que nunca dejaron de mostrarnos que a pesar de que seamos humanos y cometemos errores, no hay excusa para no intentar ser mejores y vivir de la mejor manera posible. Enmendar es de sabios, tal cosa fue Kobe para nosotros, un sabio en todos los aspectos posibles de la vida.

El baloncesto que amé por él me dio mis amigos de siempre

Oliver, O’neal, Jonathan, Fraymer, Tito, Juan Luis, Bladi, Walker, Joilly, Cristian, Yeik, Adonis, Juan José, Pabel, y todos y cada uno de a quienes llamo con seguridad mis amigos de toda la vida, lo único que tenemos en común es el amor por el juego, el juego nos unió y el juego estará con nosotros por siempre y para siempre. Esto también te lo debo a ti, mi ídolo.

En la universidad conocí a mi mejor amigo, Sergio, era el año 2015, y nos acercó el personaje de este homenaje. Porque ser ‘kobista’ es un estilo de vida que hoy llamamos ‘Mamba Mentality’, y un kobista solo puede ser mejor amigo de otro kobista. Y por cosas de la vida, este amigo Sergio fue la persona que me enteró de la pírrica noticia.

Tener múltiples sueños y creer poder lograrlos todos también lo aprendí de él

Siendo la clase de leyenda que se cuenta que ha sido para el baloncesto, en reiteradas ocasiones afirmó que si el deporte había sido lo único que había logrado en su vida se consideraría un fracasado. Declaraciones expuestas para indicar que el juego es breve y que este tenía otras cosas que ofrecer y otros sueños que cumplir. Opinión con la cual me identifico, pues, como joven, tengo varias pasiones, estudio Derecho por amor y convicción, y no sabría en balanza, por cuál me inclinaría, sobre esta carrera, y los deportes, así que al igual que mi ídolo pienso, que si una de estas cosas sería lo único que pueda hacer, sería un fracasado, el vivir sin experimentar todos y cada uno de nuestros sueños es verdaderamente un fracaso, y de Kobe hemos aprendido que fracasar es no intentarlo.

El profesor por excelencia

Una de las palabras suyas que más influyeron sobre mi vida vida es, cuando en su retirada dijo que no se trata de la meta sino del camino, que el camino es lo que hace que la meta tenga sentido, que valoremos el viaje, que es lo que realmente marca y deja memorias. Qué crack, qué tipazo, ¿De verdad está muerto? No lo puedo creer.

Cada video, cada tweet, cada publicación, de alguna manera dejaba un aprendizaje. Un cerebro prodigioso, una mente fuerte, un espíritu decidido, y un corazón luchador, Kobe Bryant fue más que un jugador, guionista, escritor, productor, inversionista, entrenador, humanitario, servidor público, embajador, la Mamba fue una escuela, una enciclopedia, un material de consulta, un libro de superación personal, que con cada acción marcaba una pauta y brindaba un conocimiento, cualidades que lo convirtieron en una persona incomparable y con etiqueta de irrepetible.

Ese fue Kobe Bryant para mí, una referencia de como ser en la vida, un modelo a seguir, un ejemplo de no desmayar, de ir tras mis sueños, de creer en mí, en mis talentos, en la diversidad, en ser respetuoso, creer en el amor, y poner a la familia de primer. Y por más extensas que se vuelvan estás palabras, lo que he expresado a lo mejor solo es un tercio de lo que un tipo de Estados Unidos que nunca conoció a este dominicano causó en mi vida, dejando un vacío enorme no solo en mí, sino en miles y miles de personas en todo el mundo, por lo que fue, por como era, por lo que hizo y cómo lo hizo, con luces que lo convierten en alguien sencillamente más grande que el baloncesto. The Black Mamba

Descansa en paz, campeón de mi vida, y que sigas entrenando a Gigi desde el cielo.

23 de agosto de 1978 – 26 de enero de 2020.

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