Dave Parker, «La Cobra» de mis pesadillas

Por Mari Montes / @porlagoma para Prodavinci

“Dave Parker puede vencerte en todos los sentidos. Puede vencerte con el jonrón o el sencillo. Puede vencerte con su velocidad, con su brazo o con su defensa. Es un jugador completo». Chuck Tanner.

Salía del dogout de primera base hacia el círculo de espera y aumentaba el rumor de tribunas y gradas. Cuando iniciaba el recorrido al plato, los magallaneros comenzaban a gritar “¡Jonrón, jonrón!”, lo precedía el deseo de que castigara a los Leones de un solo batazo, a veces los complacía, a veces.

Era inmenso, manipulaba el bate como si no pesaba, era un out difícil, otro de la artillería letal que tuvo la Nave, el recordado “Poder Negro” que hizo de ellos un acorazado que ganó el campeonato en la temporada 1976-1977, en la que Parker dejó promedio de .401.

Verlo en el Universitario era un acontecimiento. Seguramente parte de lo que trae mi memoria no era tan magnifico, es posible que mis recuerdos estén tocados por el temor que me producía escuchar su nombre.

Verlo por televisión no aminoraba el miedo, por un lado eran los comentarios de lo que podía hacer en el turno y por el otro, algo que en el parque no era posible ver, sus ojos verdes, de serpiente. El mote “La Cobra” le iba perfecto, un ataque de cobra puede ser mortal, un peligro, así era él.

Podía hacerlo todo. Era un bateador hábil y poderoso, capaz de dar batazos de cualquier calibre, un jardinero que podía sacar out en todas las bases, incluida la goma.

Los niños magallaneros querían ser Dave Parker. También tenían a Mitchell Page, pero “La Cobra” era el más vistoso, el más popular, la gran barajita, la de ellos, nosotros teníamos a Antonio Armas para hablar de poder.

El periodista Iván González Romero, especialista en béisbol, recuerda a Parker como un “Gigante, el tipo que sobresalía en el terreno. Sabías que algo iba a pasar cuando él salía a tomar su turno. En el béisbol es difícil el protagonismo en la acción porque las cosas son muy efímeras, pero Parker brillaba todo el tiempo. Destacaba por algo. Se presentaba en los programas de televisión. Destacaba y eso le encantaba. Parker debe ser el importado que más marcó al Magallanes y a la LVBP.”

Eli Bravo, escritor, periodista y niño magallanero en los años del “Poder Negro”, recuerda a Parker: “Era el pirata que abordaba para tomar el tesoro”.

Francisco Suniaga, escritor y abogado, un joven estudiante en aquellos años, lo describe: “Un súper héroe, heredero de Gaston, yo creía que lo podía hacer todo. Encajaba perfectamente con la actitud mágica del magallanero.”

Explica Suniaga que esa actitud consiste es esperar siempre que algo suceda que los haga ganar el juego. Él encarnaba la real amenaza, no era una posibilidad sino la certeza de que daría el batazo.

Parker ratificaba esa mentalidad mágica del magallanero que explica el escritor margariteño: “Magallanes ha tenido equipos ganadores, como en los 90’s, pero en otros momentos no han sido buenos. Puede pasar que el equipo hace todo lo que hay que hacer para perder y en la mente del fanático del Magallanes, siempre está presente la ilusión, la idea de que algo va a pasar y Magallanes va a ganar. En el Universitario, los magallaneros pedían un jonrón, ganar en el último aliento, la historia del equipo está llena de eso. La mentalidad de los venezolanos es mágica, y la del fanático magallanero es particularmente mágica, siempre supone que va a ganar y para ratificar esa mentalidad, ocurre la magia y Magallanes gana aunque usted no lo crea”.

Mithcell Page y Dave Parker, Navegantes del Magallanes.
Crédito: Pinterest.

El músico y científico, Miguel Delgado Estevez, quien iba al Universitario a disfrutar de la rivalidad contra los Leones, recuerda un juego de la primera campaña de Dave Parker, en la que “conectó una línea por segunda base que César Tovar ‘toreó’ y se internó en el jardín derecho. Era una emoción muy grande verlo, porque además tenía carisma. Una vez le di la mano. El líder del ‘Poder Negro’ era él. Lo recuerdo dando ánimos al equipo, jugando como si era un pelotero que buscaba consagrarse, aún siendo una estrella. Era como el sustituto de Camaleón, un héroe. Siempre esperaba que diera un batazo”.

David Concepción, contemporáneo con “La Cobra”, quiso recordarlo como rival y como compañero: “Cuando jugué en contra de él, recuerdo que jugaba duro. Se te iba pa’ encima, no para lastimarte, buscaba romper el doble play. Daba un rolling y corría durísimo, siempre estaba joseando, buen outfield, tremendo bateador. Aprendió a jugar duro. Cuando estuvimos en los Rojos de Cincinnati, disfruté mucho ser su compañero y creo que él también, queríamos volver a ser ganadores, pero éramos él y yo, no pudimos armar un equipo.

Nos hicimos muy buenos panas. Él bateó muy bien en Cincinnati, era su ciudad. Creció en un barrio del oeste. Era muy simpático, agradable con las damas. Un buen amigo. Ahora lo vi recientemente y el Párkinson lo tiene disminuido, está poquito. Tuvo problemas de abuso de drogas y eso ha afectado su ingreso al Salón de la Fama, pero Dave Parker debería estar en el Salón de la Fama.”

El episodio del que da cuenta David Concepción ocurrió en 1984, e involucró a varios jugadores con el consumo de drogas. Además de Dave Parker, fueron sancionados: Dale Berra, Keith Hernández, Enos Cabell, Vida Blue, Lee Mazzilli, entre otros. Debieron someterse a programas de desintoxicación, y destinar un porcentaje de sus salarios a la prevención del consumo de drogas. Superada la dependencia, regresó. Estuvo hasta 1991 en las Mayores.

En total, “La Cobra” Parker jugó diecinueve temporadas, estuvo en 2.466 juegos, consumió 9.358 turnos, sumó 1.272 anotadas, 2.712 hits, 526 dobles, 339 jonrones, 1.493 anotadas, 1.537 ponches.

Sus números reportan lo que hizo en el terreno en las Grandes Ligas, en Venezuela jugó en tres temporadas: 1974-1975, 1976-1977 y 1982-1983. Fueron 105 juegos según pelotabinaria.com.ve, dejó promedio de .347. En su última participación fueron sólo 12 cotejos y .244 de average. En la primera zafra impactó con 8 jonrones, 6 triples y 10 dobles. Chocaba la pelota, soltaba el bate y corría como el demonio.

En la segunda bateó un astronómico .401. Había conectado para .414, pero tuvieron que sumarle apariciones legales para optar por el título. Fue parte del alarde magallanero, hasta que Bob Kelly Abreu descosió la esfera para superarlo con .419 en la campaña 1998-1999, para orgullo caraquista y realce del poder criollo. Es otro elemento a la rivalidad.

Por Dave Parker me hice fanática de los Orioles. En 1979, como casi todos los niños de mi generación, me gustaban los Atléticos de Oakland por Antonio Armas y los Rojos de Cincinnati, por David Concepción y el resto de la Maquinaria, que ese año cayeron en la Serie de División ante los Piratas de Pittsburgh de Dave Parker para jugar la Serie Mundial ante los Orioles de Baltimore, que tenían a Rick Dempsey detrás del plato. El careta había estado con los Leones años antes y yo lo había conocido un domingo, gracias al “Loco” Torres.

Había que elegir un equipo y yo lo tenía claro: eran los Piratas del Magallanes y los Orioles del Caracas.

La Serie Mundial llegó a estar tres a uno a favor de los oropéndolas, pero los Piratas, con Dave Parker como inmensa figura, al lado del MVP Willie Stargell, remontaron la ventaja y se quedaron con el trofeo. Yo me quedé para siempre con los Orioles.

Recuerdo la noche del séptimo juego. Mi papá me regañó por llorar desconsoladamente “No se llora en el béisbol”, se lo escuché a él antes que a Tom Hanks.

Los acompañó la canción “We are family”, de “Sister Sledge”, un himno de aquellos Piratas, que se convirtió en un clásico de la música disco. No hay forma de escucharla y no pensar en Dave Parker y Ken Tekulve.

En la primavera de 1998, caminando con Giner García por el Roger Dean Stadium, en Jupiter, Florida, lo vimos del lado de los Cardenales, donde era coach. Nos acercamos por insistencia mía y lo abordamos. Creo que no era su mejor día. Nos presentamos, le dije que Giner había sido su gran fan cuando jugó en Venezuela y él tomó el comentario con indiferencia. Todos tenemos un día en el que no estamos de humor, para mala suerte de mi compañero. Recordé que una vez Humberto Acosta me advirtió que a los ídolos no había que tocarlos, pueden rompernos el corazón. Espero que Giner me haya perdonado.

Hoy en día Dave Parker sigue joseando, padece Parkinson, pero la enfermedad no le impide disfrutar la vida. Asiste a sesiones de autógrafos y participa en charlas.

El 9 de junio cumplió 69 años y fue la excusa perfecta para recordar todo lo que le vimos hacer, “La Cobra” de mis pesadillas.

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