junio 22, 2020

Darryl Kile hizo realidad su sueño, pero tener un corazón muy grande no lo dejó despertar

El lanzador de los Cardenales de San Luis, Darryl Kile, murió el 22 de junio de 2002. Un día se despidieron de él, sin saber que no despertaría al próximo juego.

Pedro Felipe Hernández / @pfhernandez7

Los atletas han muerto en accidentes automovilísticos y accidentes de navegación y accidentes aéreos. Han muerto a manos de la violencia. Pero un atleta principal, de 33 años, simplemente no se duerme y se desvanece en la oscuridad permanente, sin poder despertarse en su habitación de hotel de Chicago.

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Cuando se acostó a dormir quedó amarrado en la magia de “Morfeo” (El Dios de los sueños). No pudo despertar, lo que obligó a apagar una carrera de 12 años en las mayores, que tuvo sus mejores momentos en 1997 con los Astros de Houston y en el 2000 con San Luis, cuando quedó en ambas ocasiones quinto en la votación del Cy Young en la Liga Nacional.

Los Cardenales estaban tan alarmados cuando no se presentó en Wrigley Field el sábado. Darryl Kile siempre respondía a la llamada, y cuando no lo hacía el sábado, sus compañeros de equipo temían que algo estuviera mal, según reseñó el periodista Bernie Miklasz para el Stltoday.

Un Corazón muy grande

El lanzador de los Cardenales de San Luis, Darryl Kile, se quejó de un dolor en el hombro y debilidad la noche antes de morir, posibles señales de advertencia de que tenía problemas cardíacos, mencionaron los funcionarios al día siguiente del deceso.

Una autopsia en Kile, de 33 años, reveló un estrechamiento del 80 al 90 por ciento de dos de sus tres arterias coronarias, y que su corazón era casi un 25 por ciento más grande de lo normal, dijo el doctor Edmund Donoghue, médico forense del condado de Cook, Illinois.

Donoghue dijo que creía que la condición de Kile, conocida como ateroscleroris coronario o endurecimiento de las arterias, provocó un latido cardíaco errático que causó su muerte.

Es posible que el dicho “Tenía un corazón muy grande”, le represente muy bien a las personas que hacen el bien a muchas personas. Pues a pesar de que lo científico lo determina como un mal que hará daño al ser humano, Kile siempre fue muy buena gente con sus compañeros.

Kile, era aquel competidor inquebrantable y decidido entre los serpentineros de los Cardenales. Todos los lanzadores de este equipo lo consideraban como el hermano mayor con los hombros anchos y la personalidad paciente, pues sabía ofrecerles las respuestas que ellos esperaban.

Hubo un momento de silencio antes del juego, y todos los Cachorros y Cardenales se pararon frente a sus refugios, con las cabezas inclinadas.

Los Cardenales usaban pequeños parches negros con «57» en sus mangas izquierdas, y dos de las camisetas de Kile colgaban a ambos lados de la puerta del refugio que conducía a la casa club.

La bandera de los Estados Unidos en Wrigley Field estaba a media asta, y los banderines coloridos de los equipos de la Liga Nacional que generalmente vuelan por encima del marcador fueron retirados.

No había música en el parque, excepto el himno nacional. Incluso el canto tradicional de «Take Me Out to the Ball Game» fue cancelado, reemplazado por una versión de órgano triste de la canción.

En Venezuela dejó su huella

Tan solo estuvo en una temporada con los Navegantes del Magallanes, pero en aquella zafra 1992-1993 con apenas 24 años de edad, dejó una excepcional demostración de su calidad en el morrito.

En un total de ocho cotejos presenciados (todos como abridor), completó dos contiendas y dejó récord de 3-3 con efectividad de 1.83. En los 54 episodios repartidos recetó 41 ponches a los rivales, en los que solo aceptó 11 rayitas.

Darryl Kile era un excelso lanzador, que aprovechó de dejar su huella en la pelota invernal venezolana.

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