Tristeza sobre la faz de la tierra
Las Grandes Ligas celebran hoy el legado de Lou Gehrig, cuando se cumplen 80 años de su muerte.

Lou Gehrig en su recordado Speech en Yankee Stadium. 4 de julio de 1939. Crédito: Baseball Hall Of Fame.
Por Mari Montes – @porlagoma
EL 2 de junio de 1941, se escuchaba en la radio la extraordinaria voz de Billie Holliday cantando God Bless the Child, cuando el locutor interrumpió: “Tenemos una triste noticia que dar, acabamos de enterarnos de que esta noche falleció en su casa en Riverdale, el Bronx, el legendario jugador de los Yankees, Lou Gehrig…”
Apagó el radio, dio la vuelta en la siguiente esquina, y se estacionó frente a un parque, para poder llorar…
En segundos dejó de importarle que, más temprano, los Yankees habían perdido 7-5 ante los Indios, en Cleveland, y que Joe DiMaggio se fue de 4-2 para continuar su racha de juegos conectando hits, que inició el 15 de mayo.
Vio debutar a Gehrig el 1 de junio de 1925, cuando tuvo la suerte de acompañar a su hermano mayor al Yankee Stadium. Al poco tiempo se convirtió en su favorito, más que Babe Ruth. Igual que “Lou”, era hijo de inmigrantes alemanes y había conseguido una beca como beisbolista para estudiar arquitectura en la Universidad de Columbia, pero nunca tuvo tanto talento para jugar como profesional, y prefirió terminar sus estudios.
Lo vio jugar en el Yankee Stadium todas las veces que pudo, cuando no podía asistir, los seguía por radio. No se perdió ningún juego de la seguidilla desde aquel día de 1925, hasta el 2 de mayo de 1939. Estaba ahí cuando el locutor interno anunció: “Damas y caballeros, ésta es la primera vez que el nombre de Lou Gehrig no aparecerá en la alineación en 2.130 juegos consecutivos”. Aún se le erizaba la piel al recordar la ovación.
Volvió a estar presente el 4 de julio, la tarde que Lou Gehrig anunció su retiro. Fue uno de los 61.808 fanáticos que plenaron el estadio para despedirlo. Ese día fue retirado su número 4, la primera camisa que colgaron los “Bombarderos del Bronx”, y estuvo presente su compañero, Babe Ruth.
Recordó cuando el Yankee Stadium comenzó a gritar “¡Queremos a Lou!, ¡Queremos a Lou!” y Lou respondió con uno de los discursos más hermosos y conmovedores jamás escuchados en un estadio o en ningún otro lugar. En su memoria retumbaba la frase: “Me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra“.
Encendió de nuevo la radio, recorrió las estaciones con la esperanza de que no fuese cierto, pero todos lo confirmaban: Lou Gehrig había muerto, a los 37 años de edad, unos días antes de su cumpleaños.
A la mañana siguiente fue uno de los primeros en llegar a Iglesia Episcopal Protestante de Cristo, en el Bronx, para darle el último adiós al “Caballo de Hierro”.

Se sentió el hombre más triste sobre la faz de la tierra.
Nota: Lou Gehrig fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurológica progresiva, invariablemente fatal, que ataca a las células nerviosas encargadas de controlar los músculos voluntarios. Esta enfermedad pertenece a un grupo de dolencias llamado enfermedades de las neuronas motoras, que son caracterizadas por la degeneración gradual y muerte de esas células. Desde entonces también se le llama “Enfermedad de Lou Gehrig” y aún no tiene cura.
Fuente citada: baseballreference.com