Miguel Cabrera, emoción desde el circulo de espera

Los 500 jonrones y los 3,000 hits están cada vez más cerca para el de Maracay.

Por Mari Montes – @porlagoma

Es visible en las redes sociales, en especial en Twitter, por su inmediatez, a los segundos de una conexión a zona de nadie de Miguel Cabrera, se inunda la plataforma de mensajes que llevan la cuenta de cuantos hits son, a quien desplazó, la cantidad de impulsadas, anotadas, boletos, veces al bate, juegos, número de veces que se ha embasado, los clubes a los que entra o está por entrar. Es obvio que la afición beisbolera de Venezuela está pendiente de lo que va haciendo el maracayero, se emociona, y quiere contarlo.

Miguel Cabrera quedó este lunes a 5 jonrones de los 500 y no había terminado de caer la pelota en las gradas del jardín derecho del Target FIeld de Minnesota, cuando ya se daba cuenta de todas las cifras que involucran la conexión. Que son 140 vuelacercas hacia la banda contraria, que ya dejó atrás de Keeler… Es fascinante, no son solo los periodistas quienes informan, la legión de seguidores de Miguel sigue al detalle cada cosa que va haciendo en el terreno, me hacen recordar 1993, cuando buena parte de país siguió cada batazo de Andrés Galarraga en su camino al campeonato de bateo de la Liga Nacional, cuando fue mejor que Tony Gwynn y Barry Bonds.

Cada turno es anunciado, si no conecta hit pero se embala por boleto, de inmediato sabemos a quien igualó en ese departamento, sucede con cada estadística y surgen los nombres de Babe Ruth, Lou Gehrig, David Ortiz, Frank Robinson o Mel Ott, y así alcanza su dimensión, lo que está haciendo Miguel Cabrera, su lugar en la historia. Quieren saberlo todo y lo saben todo sobre él. 

No le hace falta redondear ninguna cifra para ser elegido al Salón de la Fama de Cooperstown, pero ser parte del club de los 500 HR, la reducida lista que encabeza el cuestionado Barry Bonds (762), Hank Aaron (755), Babe Ruth (714), Alex Rodríguez (696), Albert Pujols (667), Willie Mays (660), Ken Griffey hijo (630), Jim Thome (612), Sammy Sosa (609), Frank Róbinson (586), Mark McGwire (583), Harmon Killebrew (573), Rafael Palmeiro (569), Reggie Jackson (563), Manny Ramirez (555), Mike Schmidt (548), David Ortiz (541), Mickey Mantle (536), Jimmie Foxx (534), Willie McCovey (521), Frank Thomas (521), Ted Williams (521), Ernie Banks (512), Eddie Mathews (512), Mel Ott (511,) Gary Sheffield (509) y Eddie Murray (504). Son únicamente ellos,  en 150 años de béisbol de Grandes Ligas y más de 20 mil hombres. Además de eso, está él, Miguel, aquel adolescente que dejó de ser promesa en los primeros juegos, para comprobar que estaba a la altura de todo lo que se dijo de él cuando era un prospecto de los Marlins. 

Cada vez que va a batear, en Comerica Park, los fanáticos de Detroit lo aplauden y graban el turno, porque cada palazo que da, es un recuerdo para la historia. 

Tany Pérez, quien recibió a Cabrera en los Marlins de Miami, nos confiesa que lo ve como un hijo, está confiado en que llegará a la ansiada cifra en esta campaña. Contento, del otro del teléfono, nos regala unos minutos porque se trata de Miguel Cabrera, quien es para él como parte de su familia: “Estoy seguro de que él lo puede hacer este año. A nosotros los latinoamericanos, a los caribeños, nos gusta cuando calienta la temporada, cuando el calor del verano llega. En esta época bateamos mejor, jugamos mejor, hacemos mejor todo, así que yo no creo que sea difícil para él, ya lo vimos y ahora viene agosto y septiembre, caliente, que es cuando llegamos al juego que nosotros queremos, por el calorcito que sentimos”. 

Tany Pérez fue una de las piezas fundamentales en ese engranaje temible que fue la Gran Maquinaria Roja de Cincinnati, está en el Salón de la Fama de Cooperstown, por su excelencia como bateador y como primera base.

Entrar en las redes cada vez que la saca o da un hit, es encontrarse con la alegría que causa en sus fanáticos “Miguelito”. Desde 2003 hasta hoy, han seguido al joven jugador de grandes cualidades, al hombre que se equivocó y corrigió para avanzar, al veterano que ha superado dolores y lesiones, que quiere seguir uniformado, aportando a las victorias y divirtiéndose.

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