Tim Wakefield, in memoriam

0

Los Medias Rojas de Boston homenajearon a Tim Wakefield en su primer juego en casa este años, recordando a los héroes del 2004.

Tim Wakefield - Boston Red Sox.

Tim Wakefield lanzando un pitcheo en Yankee Stadium. Septiembre de 2011. Crédito: REUTERS - Ray Stubblebine.

Por Mari Montes / @porlagoma

Doral, FL.– Tim Wakefield falleció el pasado 1ro de octubre, víctima de un cáncer cerebral. Tenía 57 años. Fue un lanzador que se mantuvo por 19 temporadas en las Grandes Ligas; ganador de dos anillos de Serie Mundial con los Medias Rojas de Boston, pieza clave en el equipo que acabó con “La maldición de El Bambino” en 2004.

Se hizo legendario para la afición y ocupa un lugar especial, no sólo por lo que hizo con el club desde que llegó en 1995 y por las 17 campañas que tuvo en el Fenway Park, también lo fue para la ciudad de Boston, participando activamente en obras de caridad y actividades comunitarias.

Tim Wakefield dictó cátedra como uno de los maestros de la bola de nudillos. Un lanzamiento ya en vías de extinción cuando lo vimos soltarlo desde los montículos de las Grandes Ligas.

La bola de nudillos es un pitcheo que nació gracias a una lesión del primero que agarró una pelota con los nudillos, y se dio cuenta del efecto. En aquellos días no se hablaba de la velocidad de giro, ni de rotación. Lo importante era dominar a los bateadores. Aunque en esencia sigue siendo así, no hay nudillistas. Al menos por un tiempo, se ha impuesto la velocidad.

Nadie ha sido capaz de dar con quien fue el primero que llamó “mariposas blancas” a esas pelotas pero sirve para describir que llegan al home como aleteando, flotando. Hay bateadores que aseguran que parece que vienen dos pelotas.

La primera bola de nudillos de la historia salió de la mano izquierda de Thomas “Toad” Ramsey.

Hace unos años, para una nota que hice sobre los nudillistas, leí a Chris Rainey en un artículo publicado por la Sociedad Americana de Investigación del Beisbol (SABR), que cuenta que Ramsey tenía uno de los lanzamientos más rápidos de su tiempo. Jugó en las Grandes Ligas entre 1885 y 1890. Era hijo de un albañil de Indiana, quien le enseñó a su hijo el oficio, aunque iba a la escuela. El trabajo que le enseñó su padre ayudó a que el joven tuviera mucha fuerza en sus manos, herramienta que le sirvió como lanzador. Un accidente mientras laboraba como obrero, le ocasionó una lesión en el tendón del dedo índice de su mano de lanzar, que lo obligó a agarrar la pelota con los nudillos, y entonces apareció el efecto que, aún en estos tiempos, sigue maravillando.

Como con tantas otras cosas, el “invento” fue una casualidad, motivada por un imprevisto.

La historia de por qué Tim Wakefield se convirtió en nudillista es divertida. Conoció el lanzamiento desde niño porque su papá le lanzaba su bola de nudillos para que le fuese difícil batear. La anécdota la cuenta en el documental de los nudillistas y la ha compartido en muchas entrevistas.

Según Bill Nowlin (SABR): “ Su padre, Steve, en realidad le enseñó los efectos de los nudillos temprano, a los 7 u 8 años. Steve era un jugador de sóftbol activo, que trabajaba en el turno de la mañana (3 a. M. – 11 a. M, en una empresa de electrónica para la que diseñaba circuitos (…) Steve empezó a lanzarle a su hijo. “Le robé muchas cosas porque estaba muy dedicado al sóftbol, así que si me pedía que saliera al patio y jugara a la pelota, siempre le decía que sí, pero luego él querría jugar y jugar y jugar, así que comencé a lanzarle bolas de nudillos. No le gustaban, porque no las bateaba.

Con el tiempo, decía: ‘Está bien, ya tuve suficiente’ Así que Tim aprendió desde el principio lo confuso que podía ser la bola de nudillos, difícil de atrapar y difícil de golpear. Pero, admitió más tarde, que no lo había visto como una herramienta seria. Era más como un «truco de magia o un truco de fiesta».

Firmado con jugador del cuadro por los Piratas, Tim Wakefield era un destacado bateador en el college, pero no fue así en su ascenso en las menores.

Para resumir su historia, iban a dejarlo libre cuando apareció el pitcheo de sus tormentos y el que lo convirtió en unos de los mejores nudillitas. Estaba soltando el brazo y lanzó la bola de nudillos, un coach de pitcheo lo vio y le preguntó si podía lanzarlo en strike. Lo hizo, terminó en la oficia de Jim Leyland quien le dijo que había 2 opciones, quedar en libertad, o convertirse en lanzador. Lo que ocurrió después está recogido en 19 años de historia en las Mayores.

Destaca en sus palabras las lecciones que recibió de Niekro: «No apuntes a los nombres». Quería decir que no se preocupara por las habilidades o debilidades del bateador. “Intenta pasar la pelota por encima del plato y deja que el movimiento impredecible del nudillo haga su magia.”

Según él, la mejor lección fue más que mecánica, porque lanzar la bola de nudillos tiene un grado de fortaleza psicológica, para poder mantener la confianza en sí mismo y la fe. Nadie sabe cómo iba a revolotear la pelota; «Usa esa incertidumbre a tu favor”, le dijo Niekro.

Este martes en Fenway Park, los Medias Rojas rindieron homenaje a su estelar lanzador y se revivieron momentos de la leyenda que dejó escrita, dominando sus mariposas blancas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.