Álvarez y Torrens: evolución defensiva y plan de juego

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Los receptores venezolanos comentan las mejoras detrás del plato que les impulsan a ser dupla efectiva en los Mets

Foto de archivo de Francisco Álvarez y Luis Torrens, de los Mets.

Por Carlos Moreta y José Manuel Pérez

Los receptores de nacionalidad venezolana están de moda. Podemos mirar a toda la liga y encontrar una representación abundante y calificada, siendo los Mets de Nueva York el mejor ejemplo. Francisco Álvarez, de Guatire, es el titular; y Luis Torrens, de Valencia, el segundo a cargo.

En ambos, una historia similar: habilidades de defensa cuestionables desde los niveles minoritarios, por lo que sus responsabilidades en Queens impulsan a todo un trabajo de estudio. Y es que las cosas han cambiado, evolucionando a la categoría de respetables.

De Torrens, un pasado convulso. Colocado en asignación por Seattle en 2022, lo que motivó a una etapa de pruebas con su transformación a utility que se extendió a la liga invernal venezolana.

Las dudas en su defensa permeaban, así que tomó un guante de infield en busca de oportunidades de juego; sin embargo, la respuesta siempre estuvo en perfeccionar dentro de aquella posición en la que fue firmado.

Nuevos aires comenzaron a soplar tras unirse a los Tiburones de La Guaira, en el último torneo de la LVBP, recibiendo la titularidad para guiar un pitcheo que convirtió en campeón. Había interrogantes al principio, él se encargó de callar bocas. Y en la memoria, el nivel superlativo que mostró, a falta de estadísticas que corroboren su mascoteo.

Los Yankees se fijaron en eso, le invitan a campos primaverales y se encargó de una sólida producción, pero la falta de espacios en la receptoría del equipo (con Austin Wells, José Treviño, Carlos Narváez y Ben Rortvedt) le impide quedarse. Lo positivo son las enseñanzas de ese breve lapso, porque coincide con Tanner Swanson (coordinador), que es una de las grandes mentes de la industria en cuanto a trabajo de catchers se refiere.

Las palabras del propio Torrens lo indican: «Al firmar con ellos (Yankees), te ofrecen formas en las que pueden ayudarte y esa fue una de las razones por las cuales firmé, para mejorar mi defensa en la receptoría y conocí personas extraordinarias que me ayudaron a alcanzar estos buenos resultados».

La palabra clave está en la última de la cita, refiriéndonos a un máscara que asegura en strikes el 47.5 por ciento de todos los lanzamientos en los bordes y con ello una mejora sustancial comparada a lo que fue el 2022.

Para demostrar lo afirmado, adjuntamos la gráfica, la cual muestra el panorama ampliado y enseña lo esencial: un cambio drástico manejando los lanzamientos en la parte baja de la zona, dándose oportunidad de aumentar los strikes.

Los numeritos no crecen de manera fortuita, sino que responden a los trabajos que hizo en su juego. Hablamos de una reconfiguración a la postura, con cambios en la posición donde queda su cabeza, mascota y espacio entre las piernas.

Las piernas se mantienen en tierra, pero una más abajo que le facilita espacio en el movimiento; termina agachándose más –y con ello su cabeza– aumentando la visión, mientras que la mascota pasa a movilizarse desde afuera hacia adentro para dar respuestas a los distintos pitcheos, contrario a años anteriores que esperaba la pelota arriba teniendo que llevar el guante hasta ellas y, de manera indeseada, terminaba fuera del cuadrante.

Ya no es el caso, por lo que cuando la bola va a la parte baja de la zona de strikes asegura que el 78.6 por ciento sí concluyan de esa forma para los umpires, un avance notable comparado a 2022 (68 %) porque en esa ocasión perdió una alta cantidad de conteos a favor, lo cual habla más de su ineficiencia que la propia de los árbitros.

Y en eso encontramos una buena explicación al “framing”, regularmente visto como una herramienta de trampa de los receptores, que en realidad es asegurar que los strikes terminen en sitio dada la propia obviedad de que el ojo del ampáyer es “impreciso” con lances bajos por su posición y la del cátcher.

Un giro enorme representa en su juego las mejoras en ese sentido, que acompañan la capacidad de tiros duros y certeros que ya tenía. Es uno de las caretas de brazos más fuertes en Grandes Ligas, seguido de movimientos rápidos que le posibilitan atrapar el 66.7 por ciento de los corredores (muestra corta).

“Eso es cuestión de práctica (el framing), no sé cómo explicarlo; los pequeños detalles que no se ven, pero influyen bastante a la hora de recibir la pelota y anticipar, cosas que ayudan y todo el trabajo que se hace con máquinas y pelotas pesadas”, dijo a El Extrabase.

Con la defensa resuelta, Luis Torrens se enfoca en el plan de juego que trabaja desde el día antes. Hace un estudio propio, luego escucha a los coaches, personal de analíticas y el lanzador, buscando tener las situaciones cubiertas; eso sí, una vez en ritmo toma lo que le dicta el partido y modifica, pero no duda en repasar el manual.

Francisco Álvarez, también estudioso

“Yo los hago en casa (los reportes), me gusta ver videos para ver qué pitcheos (el bateador) está fallando más, a qué le puede llegar y cuáles no; ahí vengo para acá (el estadio) y ya estoy preparado mentalmente”, cuenta Francisco Álvarez sobre su plan de juego. Y así como Torrens, es otro estudioso. Que se prepara antes de reunirse con todo el personal del equipo, intentando dar una opinión depurada que perfila luego escuchando a los entrenadores, oficina y compañeros.

Al igual que Torrens, le costó esfuerzo convencer con sus destrezas en la defensa. Hoy es un receptor que asegura el 48.4 por ciento de los envíos a las esquinas en strikes, pero en la etapa de ligas menores nada lucía alentador.

Los expertos de Baseball America temían que con un aumento en su peso afectara el mascoteo. «Álvarez se mueve increíblemente bien detrás del plato, especialmente para alguien tan fornido como él, aunque probablemente tendrá que mantener su peso en el futuro para seguir así”.

Y los Mets necesitaron movilizarlo en Clase A para que enfrentara el fallo de los árbitros, posibilitando un mayor acercamiento con su juego y trabajos en ‘framing’. En otro informe de BA, leemos: “Una de las razones por las que los Mets lo promovieron a Low-A St. Lucie después de 15 juegos fue porque querían que mejorara su framing con un árbitro humano, en lugar de las bolas y strikes automatizados (…) Recibe bien la pelota pero necesita afinar su presentación para conseguir strikes para sus lanzadores”.

Si en algún momento existían dudas, ya no existen. Por el contrario, recibe el respaldo de veteranos como vemos en reportes de prensa de su excompañero Max Scherzer: «Pensé que hoy, lo más importante era la secuencia, pensé que estábamos mezclando lo que queremos hacer, él es genial con eso. Está entendiendo cómo pienso y cómo lanzo (…)» Quiero que Álvarez dirija el partido, no quiero tener que anularle, no quiero tener que llamar a un lanzamiento (…) Pero trabajando con él, llevamos un buen ritmo».

Además de las habilidades defensivas, el espaldarazo de lanzadores como Scherzer viene de lo importante que es para Álvarez la comunicación. Ha entendido la necesidad del inglés. “Creo que el idioma es una de las cosas que los catchers latinos debemos de aprender, obligatoriamente debemos aprender el idioma para comunicarnos y poder hablar sobre el juego y las situaciones; poder ir al montículo y explicarle el plan que tienes, depende quién esté bateando y quién venga después”, dijo a El Extrabase.

Sin embargo, un nuevo desafío se sitúa como una nube negra. En todos los niveles se hablaba maravillas de su potente brazo -que todavía conserva-, aunque no le está resultando y apenas atrapa el 10.7 por ciento de los corredores.

Es pírrico lo evidenciado, lo cual obedece a situaciones como las del video donde la puntería lo abandona, realizando disparos bajos que dificultan la labor de los infielders.

Como lo hizo en otros apartados, esperemos que en este también logre avanzar.

Responsables en el bateo

Los venezolanos guían a los lanzadores neoyorquinos con numeritos positivos detrás del plato, aunque tampoco se quedan cortos si de batear se trata. Álvarez, que ve limitada la participación a 217 apariciones por lesiones (pulgar izquierdo), registra un importante 111 en OPS+, en tanto que Torrens aprovecha los escasos chanches y postea 124.

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