William Schmidt: El lanzador que rechazó el Draft para ir a la Universidad

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El derecho de 20 años optó por ir a LSU para seguirse formando y trarar de ganar otro campeonato nacional universitario

William Schmidt, lanzando para los Tigres de LSU. (Foto: Mitchell Scaglione/LSU Athletics)

William Schmidt, lanzando para los Tigres de LSU. (Foto: Mitchell Scaglione/LSU Athletics)

Por Oscar Lavigne / @osskartelito

No es habitual ver a jugadores top de instituto rechazar el Draft e ir directamente a college, pero William Schmidt es un jugador diferente, siendo uno de los mejores pitchers de la clase del 2024, decidió ir a LSU para seguir formándose en uno de los mejores equipos universitarios. En su año freshman, ganó el campeonato nacional, y entrando en su año sophomore veremos mucho mas de el.

Enhorabuena por ganar el campeonato nacional. Sé que fue hace unos meses, pero igualmente, enhorabuena. ¿Cómo fue la experiencia de estar con el equipo y además jugar en las primeras rondas siendo freshman?

Sí, bueno, crecer viendo eso… siempre quieres ir a Omaha, ¿sabes? Para mí, nunca pensé que llegaría a estar allí como jugador. Siempre imaginaba ir como aficionado. Pero estar en el campo es una experiencia completamente diferente. Mucha gente no sabe realmente todo lo que pasa fuera del terreno de juego: todo el trabajo duro que hay detrás. Tuve la suerte de poder ir y, además, ganar el campeonato siendo freshman. Fue realmente emocionante.

¿Por qué empezaste a jugar al beisbol? ¿Cómo empezó el joven William a lanzar como pitcher o a batear al principio de su carrera?

Mis padres me apuntaron a cuatro deportes cuando tenía cuatro o cinco años, nada serio, cosas como tee-ball y eso. Siempre bateaba, como todo el mundo a esa edad: haces las dos cosas hasta que tienes unos 14 o 15 años. Cuando llegué al instituto fue cuando me centré solo en lanzar. Y se nota mucho la diferencia cuando dedicas todo tu tiempo a un solo objetivo, en lugar de ir de un lado a otro entre batear y lanzar. Los resultados llegan mucho más rápido. No te preocupas por nada más que por hacer lo que sabes que necesitas hacer para tener éxito en el montículo.

Tu carrera en Catholic High School, en Baton Rouge, empezó con una prueba. ¿Cómo fue tu camino desde ser un chico que fue a las pruebas hasta convertirte en uno de los mejores del país en tu posición?

Sí, en las pruebas de primer año teníamos unos 85 chicos y solo cogieron a unos 15. Yo todavía no había pegado el estirón, era bastante pequeño y hacía todo más o menos bien, sin destacar en nada. Incluso llegué a presentar solicitud en otros institutos porque pensaba que no haría el equipo. Aun así, quería seguir jugando al baseball. La verdad es que esa fue probablemente la semana más estresante de mi vida: las pruebas duraron dos o tres días y después de eso ya no había más oportunidades. Si fallabas en algo, ya tenías de qué preocuparte. Yo no era el más grande ni el mejor del campo, solo intentaba hacer bien los pequeños detalles, destacar de alguna forma aquí y allá. Al final me escogieron, no porque lanzara fuerte, sino porque lanzaba strikes. Tenía una constitución delgada y alta, y quizás vieron que podía crecer y desarrollarme con los años.

Mi primer año estuve en el equipo de freshman, lancé de vez en cuando, no mucho. Después, en el verano antes de segundo año, pegué un estirón de unos 20 centímetros, más o menos. Así que de repente ya medía alrededor de 1,83 y empecé a ganar fuerza. Tuve un buen programa de lanzamiento y ahí fue cuando todo empezó a despegar: la velocidad mejoró, y a partir de ahí se trataba de aprender a manejar mi cuerpo, porque era alto y largo y no siempre sabía dónde estaban mis brazos o hacia dónde iba la bola. Mi segundo año no fue excelente, pero ya tenía buenas condiciones. En tercero fue cuando realmente todo encajó. Ese verano me invitaron a muchos eventos, fue cuando los college scouts empezaron a fijarse en mí, y ahí fue cuando todo comenzó. Luego, en mi último año, ya tenía todo bajo control. Entonces empecé a fijarme metas más altas, sabiendo que podía hacerlo; solo era cuestión de lograrlo.

¿Cómo describirías tu repertorio de lanzamientos? ¿Y cómo dirías que jugar en Catholic High School te ayudó a mejorar, y cómo el cuerpo de pitching allí te llevó al nivel en el que estás ahora?

En mi último año, cuando estábamos preparando el calendario, dijimos: no queremos jugar solo en Luisiana, creemos que tenemos un buen equipo y queremos competir por todo el país. Y eso fue lo que hicimos: fuimos a Alabama, a Florida, jugamos contra equipos de Misisipi, Georgia… contra la mejor competencia de high school del país. Y sinceramente, creo que eso me ayudó mucho a elevar mi nivel, porque no estaba lanzando contra un colegio pequeño que nunca ha visto una fastball de más de 90 millas por hora. Eso me ayudó muchísimo. Y luego, los entrenadores de Catholic… tuve muchísima suerte de coincidir con ese grupo. Fueron increíbles.

En cuanto a mi repertorio de lanzamientos, ahora mismo tengo fastball, changeup, curveball y slider. Pero en el instituto solo lanzaba dos, y la verdad es que era suficiente. Tiraba lo bastante fuerte como para poder salirme con la mía en muchas situaciones. Pero sí, todo el mérito para los entrenadores de Catholic; tuve la suerte de tenerlos y de que se preocuparan tanto por todos sus jugadores. Me guiaron desde que llegué como freshman, cuando medía metro cincuenta, hasta que en mi último año ya medía casi metro noventa. Han visto todo mi proceso.

William Schmidt | Foto: Alex Diaz/LSU Athletics

Terminaste la temporada con un récord de 9-0, una efectividad de 0.44, 102 strikeouts, y además ganaste el premio Gatorade Louisiana Player of the Year, junto con el campeonato estatal. ¿Cómo fue ese año para ti en lo personal, y cómo gestionaste toda la atención que estabas recibiendo justo antes de una de las decisiones más importantes de tu carrera, ese verano?

Mi último año fue realmente muy bueno. Mucho del mérito es para la defensa; brillaron cuando más importaba. Yo salía al campo con la mentalidad de ganar, porque el año anterior nos habían eliminado un equipo contra el que no deberíamos haber perdido. Habíamos tenido una gran temporada, pero al final nos relajamos. Así que aquel equipo se propuso no volver a permitir que eso pasara. En cada partido jugábamos como si fuera el último, y esa fue la actitud durante toda la temporada.

En cuanto a la decisión que tenía que tomar, al final se trataba de querer quedarme cerca de casa y seguir desarrollándome. Sé que si hago las cosas bien, en tres años la misma oportunidad seguirá ahí. Y confío plenamente en que los entrenadores de LSU van a hacer todo lo posible para ayudarme a llegar. Al final, mi familia y yo llegamos a la decisión de confiar en mí. Ya lo hice una vez en mi primer año, cuando cambié de colegio, así que… ¿por qué no hacerlo otra vez?

LSU es la universidad de tu estado, el equipo al que has seguido desde pequeño. ¿Cómo te sentiste en el momento en que recibiste la oferta de LSU?

Sí, justo acababan de ganar el campeonato nacional el año anterior. Yo estaba comprometido con otra universidad en mi penúltimo año de instituto, pero hicieron algunos cambios en el cuerpo técnico y decidimos echarlo atrás. Y, claro, siempre había soñado con ir a LSU. Era mi sueño desde niño. Vivo a unos diez minutos del estadio, así que me resultaba muy fácil imaginarme lanzando allí mientras aún estaba en el instituto. Tuve muchas conversaciones con el coach Johnson y el resto del cuerpo técnico, y cuando llegó la oferta… mis padres casi se ponen a llorar. Fue una locura. Estuve sonriendo todo el día, la gente pensaba que estaba loco. De verdad, fue un sueño hecho realidad, no hay otra forma de describirlo.

Con el historial de desarrollo de grandes pitchers como Skenes o Kade Anderson el año pasado, ¿cómo ha sido tu trabajo con el equipo? ¿Qué plan tienen contigo?

Tuve la suerte de tener a Kade como compañero, y además fue mi compañero de habitación en los viajes el año pasado. Es uno de los mejores tipos que conozco. Y algo que he visto con todos los grandes pitchers es que, normalmente, los mejores sobre el montículo también son las mejores personas fuera de él. Kade es increíble, confiaría en él para cualquier cosa. Tuve la suerte de tenerlo a él y a Anthony Eyanson como referentes. Me mostraron cómo se gana y cómo se tiene éxito en el béisbol universitario. Y los entrenadores también: ahora que ya tengo un año de experiencia, saben perfectamente en qué tengo que trabajar, qué hago bien y qué me cuesta más. He aprendido que esto es más un juego mental que físico; normalmente, los que son mentalmente más fuertes son los que tienen más éxito. Así que en eso es en lo que estoy trabajando ahora.

Dijiste que saliste del instituto con solo dos lanzamientos. ¿Cómo ha sido el proceso de aprender los nuevos? ¿Cómo afrontas el aprendizaje de un lanzamiento nuevo?

El año pasado estuve intentando aprenderlos. Probamos algunas cosas en los partidos: algunas salieron bien, otras no tanto. Pero este offseason he pasado mucho tiempo entrenando, encontrando agarres que me resultaran cómodos y, sobre todo, lanzando con convicción. Tienes que creer en el lanzamiento: en cómo lo vas a lanzar y adónde lo vas a colocar. Cuando crees de verdad en eso, todo fluye mejor, y eso se traduce en más confianza y más éxito en el mound.

¿Cuál es tu lanzamiento favorito?

Probablemente la fastball. Es el más fácil para lanzar strike, puedes soltarla con fuerza cuando quieres, y creo que es el lanzamiento más difícil para que un bateador logre conectar a tiempo.

Imagina una situación: estás en la novena entrada, el partido va 1-0, quedan dos outs y sube un bateador zurdo. ¿Qué le lanzarías? ¿Cuál sería tu secuencia?

Justo eso es en lo que hemos estado trabajando. Si me lo preguntas ahora mismo, probablemente no le tiraría un changeup. Pero espero que dentro de unos seis meses, cuando llegue ese momento, sí pueda hacerlo. Le lanzaría una combinación de changeup, fastball y otro changeup: primero lo frenas, luego lo aceleras, y después lo vuelves a frenar.

¿Cuál es tu lugar favorito donde has jugado? No puedes decir LSU.

Mi lugar favorito donde he lanzado… Bueno, el año pasado fuimos a Round Rock, en Texas, cerca de Frisco. Y fue la primera vez que lancé delante de una gran multitud. Cerré el noveno inning contra Nebraska, y fue… bueno, no hay palabras. Fue una locura. Hasta hoy, probablemente sea mi lugar favorito para lanzar, simplemente porque fue la primera vez que experimenté esa descarga de adrenalina con miles de personas viéndote.

Y has cerrado partidos, también has sido abridor y has salido como relevista en entradas intermedias. ¿Cuál dirías que es la principal diferencia mental para ti entre ser abridor, relevista y cerrador?

Diría que la principal diferencia es la certeza. A veces, como relevista, tienes que subirte al montículo rápido, mientras que como abridor tienes tiempo para seguir tu rutina habitual. Los buenos relevistas son expertos en acortar su rutina y en saber exactamente qué necesitan hacer para estar listos. Otra diferencia importante es la mentalidad. Para mí, el año pasado casi tenía una mentalidad distinta dependiendo del rol. Como relevista, debes salir a conseguir ese bateador de inmediato: el primer lanzamiento tiene que ser strike. No hay tiempo para “probar el agua” y acostumbrarte a la situación; tienes que ir a por todas. Como abridor, normalmente no te van a sacar en la primera entrada, así que puedes usar uno o dos bateadores para adaptarte al ambiente, entender la zona de strike y ver cómo atacan los bateadores. Esa creo que es la mayor diferencia.

William Schmidt | Foto: Sean Cripple/LSU Athletics

Y cuando lanzas en partidos que realmente importan… todos los partidos cuentan, pero hablo de juegos del bracket de la NCAA, o del campeonato de la SEC, ¿cómo funciona tu mentalidad ese día?

El coach Johnson tiene esta filosofía de “56 partidos de playoffs”, como si cada encuentro contara: ya sea un martes contra North Texas, o un viernes contra Tennessee, es lo mismo. Cuando abordas los partidos con la mentalidad de que cada juego es un playoff, “ganar o irse a casa”, no notas la presión de las situaciones grandes. Al final, eres solo tú y el catcher. No importa si Barry Bonds estuviera en el bate; todavía tienes que salir ahí, lanzar strikes y ejecutar tus lanzamientos.

¿Hay algún pitcher, del pasado o actual, con el que creas que tu estilo o tus lanzamientos se puedan comparar?

No, no realmente. La gente me pregunta quién es mi pitcher favorito y demás, y yo digo Aaron Nola, porque fue a mi instituto y también fue a LSU. No es que lance como él, pero es simplemente mi jugador favorito para ver.

¿Cómo es el béisbol de instituto en Luisiana? Y ¿¡¡cómo se vive el béisbol en LSU, comparado con el instituto, cómo la gente vive el béisbol de manera diferente de la secundaria a la universidad?

Simplemente no te puedes permitir los mismos errores en la universidad. En el instituto, si me ponía por detrás en la cuenta, probablemente podía colar unas cuantas rectas y salía bien. Pero los bateadores universitarios tienen mucha más disciplina, mucho más poder. Si cometes errores, te los hacen pagar más. Pero aparte de eso, es básicamente el mismo juego; solo cambian los factores ambientales.

Cuando no estás jugando béisbol ni entrenando, ¿qué te gusta hacer para desconectar del estrés que conlleva ser un atleta de alto nivel?

Cuando tenemos tiempo libre, normalmente hacemos uno o dos viajes a la playa. Pero en casa… crecí aquí, así que todavía tengo a mi grupo de amigos, a diferencia de otros chicos que vienen de lejos. Entonces es fácil socializar con la gente que me rodea, con los amigos y los padres que conozco de toda la vida. Normalmente, simplemente salgo con ellos, si acaso.

¿Cuál es tu cosa favorita del campus de LSU?

Probablemente la cultura, sin duda. La comida, la gente, la pasión por todo. LSU no es solo béisbol. Un sábado por la noche con un partido de football en Death Valley… si alguna vez tienes la oportunidad de verlo, simplemente tienes que hacerlo. No hay nada igual.

Y última pregunta, ¿qué podemos esperar de ti y del equipo para la próxima temporada, otro campeonato?

Por supuesto. ¿Por qué no dos?

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