Carlos Carrasco, el insistente
El larense recibe una nueva oportunidad en el béisbol de Grandes Ligas. Será su temporada número 17 en las mayores.

7 de agosto de 2025; Cumberland, Georgia, EE. UU.; El lanzador abridor de los Bravos de Atlanta, Carlos Carrasco (59), lanza contra los Marlins de Miami durante la primera entrada en el Truist Park. Crédito obligatorio: Dale Zanine-Imagn Images
Por Mari Montes / @porlagoma
A sus 17 temporadas, el derecho venezolano ha alcanzado un registro que lo ubica en la cima de la lista de los pitchers más longevos nacidos en Venezuela, según los registros de Baseball-Reference. Pero ese número, por sí solo, no explica su historia.
Su carrera ha sido una sucesión de regresos.
En 2012, una cirugía Tommy John lo sacó del montículo. En 2019, el béisbol pasó a un segundo plano cuando fue diagnosticado con leucemia unos días antes del Juego de las Estrellas que tuvo lugar en Cleveland, cuando Carrasco era jugador de los todavía llamados “Indios”. Volvió a lanzar en septiembre, volvió a competir y volvió a formar parte del juego más exigente del mundo.
Ganó el Premio Roberto Clemente, el primer venezolano con el reconocimiento que distingue a los jugadores que hacen obras de impacto social. Carlos Carrasco, junto con su esposa Karry, llevan adelante una fundación que apoya a niños con implementos educativos y deportivos en Venezuela, en Cleveland y República Dominicana, además de algunos países en África.
Entre los nombres de los pitchers venezolanos más longevos, también aparecen otras figuras como Félix Hernández, con 15 temporadas en Grandes Ligas y una carrera marcada por la consistencia como as de rotación, y Aníbal Sánchez, con 16 temporadas de presencia sostenida. Carrasco ha empujado un poco más allá la línea del tiempo.
No es solo el que más ha durado. Es el que más veces ha tenido que empezar de nuevo.
En una carrera donde las estadísticas suelen ordenar la historia, Carrasco rompe la lógica lineal del béisbol. Sus números no siempre superan a los más dominantes de su generación, pero su recorrido sí desafía otra métrica menos visible: la capacidad de sostenerse cuando el cuerpo obliga a detenerse y la vida se interrumpe.
El béisbol no suele premiar los matices de la supervivencia, pero en el caso de Carlos Carrasco, la longevidad no es solo permanencia: es retorno. Volver después de una cirugía mayor. Volver después de una enfermedad que trasciende el deporte. Volver, incluso cuando el juego parece haber seguido sin él.
Por eso, más allá de las victorias, los innings o las temporadas comparadas con figuras como Félix Hernández o Aníbal Sánchez, su historia pertenece a otra categoría: la de quienes no se definen por la continuidad perfecta, sino por la insistencia en regresar.
Y en ese gesto, repetido durante 17 temporadas, el barquisimetano ya dejó su marca más difícil de cuantificar.
En las Grandes Ligas no hay nadie que no sea necesario. El mérito de volver es enorme. Durante la primavera conversamos de su capacidad de ser resiliente. La verdad es que le gusta mucho hacer lo que hace. Tal vez todo se origina en su amor por el béisbol; su deseo de seguir uniformado y aportando, tiene como base lo que significa este juego para él.
Y el juego lo premia con otra temporada, con otra oportunidad que se ganó.