Justin Gonzales sueña con llegar a Grandes Ligas con los Medias Rojas
El jardinero dominicano brilla en las granjas de la organización patirroja gracias a un swing fluido y un brazo de élite

Justin Gonzales, prospecto de los Medias Rojas de Boston, haciendo swing durante un juego de la Liga de la Toronja. (Foto: MLB)
Por Oscar Lavigne / @osskartelito
Firmado desde la República Dominicana en 2024, Justin Gonzales se ha convertido en uno de los mejores prospectos de las granjas de los Medias Rojas de Boston y de la MLB en general. El outfielder oriundo de Baní actualmente juega en los Greenville Drive (Clase-A Avanzada) y es uno de los grandes candidatos a seguir creciendo y subiendo en el sistema de los de Boston.
¿Cómo fueron tus inicios en la pelota y qué papel jugó tu entorno en la República Dominicana?
Empecé a jugar al béisbol desde muy pequeño. Mi familia me motivó a jugar al béisbol. En la República Dominicana es algo muy bonito. Nosotros empezamos a practicar donde vivimos y luego hacemos pruebas para entrar en una academia. Después depende de qué academia te fiche.
Eres oriundo de Baní, una tierra histórica de peloteros. ¿Cómo fue crecer deportivamente en tu barrio?
Soy de un barrio pequeño, han firmado varios peloteros. Hay un jugador de Grandes Ligas que se llama Juan Mejía y somos muy amigos. Allí todo está muy bien, hay muchos niños jugando a la pelota.
Muchos prospectos en el Caribe se forman inicialmente en el cuadro interior. En tu caso, ¿cómo terminaste en los jardines?
No, mi entrenador, cuando empecé, me ponía a jugar en el infield. Después me dijo: “Tú vas a ser muy grande, tienes que jugar en el outfield”. A partir de ahí empecé a jugar en el outfield. Luego, con 14 o 15 años, entré en la academia donde estaba, que se llama Anderson Martínez, y todo el proceso fue muy bien, gracias a Dios.
¿En qué momento de tu niñez supiste que tenías las herramientas necesarias para firmar con una organización de la MLB?
Empecé a darme cuenta desde que jugaba en las Pequeñas Ligas, porque siempre tuve mucho talento. Mi entrenador me lo decía, y mucha gente también me decía que iba a llegar muy lejos por mi humildad, por el talento que tengo y por el bate que siempre he tenido. Gracias a Dios, así fue.
Ahora que compartes clubhouse con peloteros formados bajo el sistema de Estados Unidos, ¿qué contrastes percibes en el día a día?
La verdad es que lo único que cambia es el inglés. Ellos son muy estrictos con sus cosas y les gusta mucho trabajar, eso también me gusta mucho. Siento que ellos tienen más oportunidades que nosotros; para ellos es más fácil llegar al béisbol profesional que para nosotros.
Recibiste un bono de firma muy importante. ¿Te genera eso algún tipo de presión añadida cuando saltas al terreno?
Lo mío siempre ha sido jugar al béisbol. Pase lo que pase, siempre voy a jugar al béisbol hasta que Dios decida que ya no voy a jugar, porque lo que amo es jugar al béisbol.
Si tuvieras que elegir los hitos más altos de tu joven carrera, ¿cuáles destacarías?
Cuando firmé, cuando participé en el All-Star Game y cuando me nombraron Jugador del Año. El momento en el que firmé fue algo muy bonito, porque llevábamos mucho tiempo esperándolo. La verdad es que estaba muy contento, muy feliz y siempre agradecido a Dios. Fue un momento muy bonito con mi familia y amigos.
Estar en Clase A Avanzada implica vivir lejos de tu país y tus costumbres. ¿Cómo sobrellevas la distancia?
Es algo difícil. Siempre echo de menos a mi familia, a mi padre, a mi madre. Echo de menos a mis amigos y todo lo que dejé allí. Pero, como siempre digo, esto es un proceso. Uno tiene que luchar por lo que quiere para que ellos estén bien. Siento que pronto voy a estar con ellos. Sé que vendrán aquí a verme jugar y que disfrutarán cuando, con el favor de Dios, llegue a las Grandes Ligas.
¿Cuál ha sido el mayor choque deportivo al pasar del circuito veraniego dominicano a la South Atlantic League con Greenville?
Hay muchas diferencias. Los pitchers son más inteligentes, sus lanzamientos son más nasty, mucho mejores. Cambia todo, la verdad. No es el mismo béisbol. Los pitchers aquí están más maduros y tienen mucho más control. Hay muchas diferencias entre la liga dominicana y aquí.
¿En qué aspectos técnicos han puesto la lupa tus coaches desde que llegaste al sistema de Boston?
En todo: bateo, tiro y defensa. Gracias a Dios he mejorado mucho en defensa. También estoy muy agradecido al equipo, que me ha ayudado mucho, y a mi entrenador en la República Dominicana, que cada vez que voy allí siempre me apoya y está pendiente de mí.
Si un scout te pidiera una autodescripción de tu perfil, ¿qué le responderías?
El mejor del béisbol. Bueno, uno nunca puede decir que es el mejor, pero yo siento que soy el mejor.
¿Quiénes eran esos jugadores que idolatrabas frente al televisor en Baní?
De pequeño admiraba a Albert Pujols. Después, al ir creciendo, también a Aaron Judge y Ronald Acuña Jr.
Hablemos de tu mecánica en el plato. ¿Cómo defines tu plan de ataque y el cambio que ha dado tu mecánica?
Siempre busco un buen lanzamiento. No pienso demasiado. El primer pitcheo que veo bueno, el que siento que es el mío, a ese le hago swing. Sobre mi swing, gracias a Dios, ahora está mucho mejor. Antes era un swing con más fuerza, más brusco. Ahora no; ahora es muy, muy fluido. Gracias a Dios.
En tus inicios registraste envíos desde la lomita a 96 mph. ¿Te subirías de nuevo al montículo si el equipo se quedara sin lanzadores?
A mí lo que me gusta es jugar al béisbol. Si ellos deciden decirme: “Queremos ponerte aquí para que cierres el partido hoy”, yo hago lo que ellos digan, porque ellos son mis jefes, son los que me pagan y ese es mi trabajo: hacer lo que ellos decidan conmigo en el campo. Si deciden eso, lo haré. Pero siento que no, que mi bate está muy bien, gracias a Dios.
Defensivamente cubres las tres praderas. ¿En cuál de ellas se despliega la mejor versión de Justin Gonzales?
La verdad es que, por mí, jugaría en center field. Pero donde realmente me siento muy cómodo es en right field. Ahí puedo mostrar mi potencial, mi brazo y todo lo que tengo.
Noto algunas diferencias con respecto al left field; en right field hay estadios donde esa parte del campo es más amplia. En cambio, hay otros donde el left field es más corto. En nuestro estadio de Greenville, por ejemplo, el left field es muy pequeño. Las posiciones son distintas: el center field tiene que correr mucho; el right field necesita tener un gran brazo y una defensa de élite. Así que sí, diría que son un poco diferentes.
¿Te imaginas defendiendo el bosque izquierdo de Fenway Park con el mítico Monstruo Verde a tu espalda?
Donde sea. Yo lo que quiero es jugar al béisbol. Si mañana me llaman y me dicen: “Te necesitamos en left field, bateando octavo”, voy sin pensarlo. Lo único que me gusta es jugar al béisbol.
¿Has tenido la oportunidad de conocer Fenway Park? ¿Qué impacto te causó la atmósfera de un estadio con tanta historia?
Es una sensación muy bonita. Los aficionados, el ambiente… todo se ve increíble. Es diferente a verlo por televisión. Es muy bonito, hay muchísima gente. Es algo con lo que sueñas desde pequeño. Siempre quieres ir a un estadio de Grandes Ligas para ver cómo es, porque lo ves por televisión, pero cuando estás allí es completamente distinto. Nunca es lo mismo. Siempre será una experiencia diferente, pero muy, muy bonita.
Cuando entras al plato en momentos de máxima tensión, ¿el ruido exterior desaparece?
Sí, yo solo estoy pendiente del pitcher. Mi único problema es el pitcher, no los aficionados. Los aficionados pueden decir lo que quieran. Yo salgo al partido a hacer mi trabajo, que es batear.
Hasta la fecha, ¿cuál ha sido el compromiso más emocionante en el que has visto acción?
Las finales en la República Dominicana, cuando salimos campeones.
Fuera de los diamantes, ¿qué otras disciplinas te apasionan y cómo empleas las tardes libres en Estados Unidos?
El baloncesto. En la República Dominicana a veces voy a jugar con los chicos, pero no demasiado. Juego alguna vez, pero no mucho, porque hay que tener mucho cuidado con las lesiones. Saltando puedes hacerte daño en un tobillo o en cualquier otra parte. Suelo jugar solo una vez de vez en cuando, aunque me encanta. Y allí en Estados Unidos, cuando no estoy jugando o entrenando, me gusta dormir, dormir y jugar a la consola.
¿Cuál es tu «walk-up song» y qué géneros musicales marcan el ritmo de tu rutina?
Una canción de Donaty que se llama Tamboreo. Escucho mucho dembow y reguetón. También me gusta mucho la música cristiana; soy muy creyente en Dios.
Para cerrar, Justin, con la mirada puesta en el futuro: ¿qué significa el béisbol en tu vida?
Yo digo que el béisbol es mi mundo. Creo que Dios me dio el don de venir a jugar al béisbol, de demostrar quién soy y de decirle al mundo quién es Justin Gonzales. La verdad es que lo es todo para mí. Después de Dios y de mi familia, el béisbol es todo para mí. Es mi mundo.
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