Cooperstown, donde el béisbol protege su historia
El Museo y Salón de la Fama guarda millones de piezas que cuentan la historia del béisbol.

Por Mari Montes / @porlagoma
Philadelphia, PA.– Cuando termina un Juego de Estrellas, una Serie Mundial o cualquier acontecimiento memorable de las Grandes Ligas, mientras unos celebran y otros comienzan las entrevistas, Josh Rawitch inicia otra carrera: la de rescatar los objetos que acaban de hacer historia.
Como presidente del Museo Nacional del Béisbol y Salón de la Fama de Cooperstown, su responsabilidad es identificar y preservar aquellos implementos que algún día ayudarán a contar la historia del juego: el bate de un cuadrangular decisivo, la pelota de un récord, el uniforme de un campeón, el guante de una atrapada inolvidable o la hoja de alineación de una noche irrepetible.
Es un trabajo silencioso, pero invaluable.
A Rawitch y su equipo les corresponde custodiar bates, pelotas, guantes, guantines, aperos, caretas, spikes, jerseys, uniformes, hojas de alineación, bases, boletos, hojas de anotación y un sinfín de objetos que adquieren un valor extraordinario por haber sido protagonistas de un momento que cambió la historia del béisbol.
El santuario abrió sus puertas en 1939 con una misión que resume su esencia: preservar la historia, honrar la excelencia y conectar generaciones.
Antes del Juego de las Estrellas de 2026, sobre el terreno del Citizens Bank Park de Filadelfia, conversamos con Rawitch acerca del compromiso de conservar intacta esa memoria.
—Tenemos mucha gente que ha trabajado ahí por muchos años, más de 30 en algunos casos. Para nosotros es algo muy importante. Cuando un jugador o un aficionado nos entrega algo, sabemos que dentro de cien años alguien podrá volver a verlo. Tenemos una bóveda muy segura, con la temperatura y la iluminación perfectas para que los aficionados, dentro de cien años, puedan venir y apreciar esas mismas piezas.
Cada objeto es manipulado con guantes especiales para evitar que la grasa natural de las manos altere su estado de conservación.
—En nuestros dedos tenemos grasa. El compromiso es cuidar todo lo que es importante. Hay casi cien empleados y todos están dedicados a nuestra misión.
Y aunque las vitrinas reciben miles de visitantes cada año, apenas muestran una pequeña parte del inmenso patrimonio que resguarda Cooperstown.
—Hay un diez por ciento arriba, en exhibición, y un noventa por ciento abajo. Siempre estamos rotando las piezas. Tenemos tres millones de documentos, contratos y artículos; doscientas mil fotografías y doscientas mil tarjetas de béisbol. Hay muchísimas cosas y es un honor para nosotros hacer este trabajo.
Un día después de los sismos que golpearon a Venezuela el pasado 24 de junio, las redes sociales del Museo Nacional del Béisbol y Salón de la Fama publicaron un mensaje de solidaridad dirigido a los venezolanos. La imagen mostraba implementos utilizados por la selección que conquistó el Clásico Mundial de Béisbol el pasado 17 de marzo, acompañados por una frase que conmovió a muchos:
“Nuestros corazones están con el pueblo de Venezuela y todos los que forman parte de la comunidad del béisbol que han sido afectados por los terremotos del miércoles.”
Quisimos agradecerle ese gesto. Como venezolanos, nos emocionó saber que buscaron precisamente esos objetos para enviar un mensaje de apoyo en medio de tanto dolor.
—Primeramente, siempre estamos pensando en la gente de allá. Yo viví un mes en Venezuela y me encanta su gente. Todos me ayudaron muchísimo. En Cooperstown siempre estamos pensando en ustedes y el béisbol siempre trae alegría a las personas en todo el mundo. Ustedes ganaron el Clásico Mundial y fue un momento perfecto para mostrar esos recuerdos y compartirlos con todos. Ojalá que en los meses que vienen el béisbol pueda llevar alegría a quienes están pasando momentos tan difíciles.
Mientras millones de aficionados visitan Cooperstown para admirar sus vitrinas, pocos imaginan el trabajo que existe detrás de cada pieza expuesta. No son simplemente objetos antiguos: son fragmentos de la memoria de un deporte que ha acompañado a generaciones enteras.
Quizás por eso aquel mensaje dedicado a Venezuela tuvo un significado tan profundo, porque recordó que el valor de un bate, una pelota o un uniforme no está solamente en el récord que representan, sino también en la capacidad que tienen para despertar esperanza, unir a un pueblo y recordarle, incluso en los días más oscuros, que siempre habrá historias dignas de ser conservadas y que nos alegran la vida.